Era el último día del año. Todo estaba pulcramente preparado. Los muebles de estilo barroco, vestían un amplísimo salón; así como los tapices, con escenas de caza que lo decoraban.
Un inmenso árbol natural de Navidad, con sus bolas doradas, descansaba en un rincón. La mesa de madera de cerezo, un mantel de lino lavado acabado con vainica; servilletas a juego, platos de porcelana de Meissen y copas de Burdeos.
Veinticinco comensales ocuparán sus sillas a las 10 de la noche. El patriarca, frío, duro intolerante e inaccesible, de 1,70 de estatura, enjuto, de ojos verdes y cabello blanco; presidirá la mesa
A las 22:45 todavía no ha llegado nadie. Decide sentarse a esperar. Se pone a jugar con el tenedor dorado, mientras despotricaba de todos y cada uno de los comensales.
Se levanta y pone a Wagner en el equipo de música: Cabalgata de las Valquirias. Se tumba en el sofá azul de piel y dice: - Otro año solo... -
Silvia Martín
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