jueves, 2 de enero de 2025

EL SOL ILUMINA EL CAMINO

 

Recién graduada en Periodismo con Notas de Excelencia, y después de algunas semanas de recelo analizando los pros y contras que pudieran surgir, al fin, decide aceptar la colaboración ofrecida y ponerse en marcha hacia, lo que por una temporada, va a ser su casa.

Claudio Renate, célebre escritor de novela negra de la última década, cuenta con ella como ayudante para su nueva obra. Él, que no solo es famoso por escribir sino por algo más tortuoso que ella ignora; le ha invitado a colaborar en el proyecto de su próximo libro.

El sol ilumina el camino pedregoso por el cuál transita agobiada por ese sol de verano que, al caer en vertical, calienta en exceso la tierra árida y seca donde los árboles crecen con dificultad por la pobreza del suelo. Esto que contribuye a que haya pocas y pequeñas sombras donde poder refugiarse del espantoso calor. Ni las lagartijas salen a cazar a esas horas porque los saltamontes, moscas y hormigas, su sustento diario, sestean perezosas en algún oscuro rincón donde descansa la umbría.

Anda despacio, arrastrando los pies con dificultad, cansada, con el polvo metido en la garganta y con la mirada puesta en lo más alto de la cumbre donde se vislumbra la casona a la cual tiene que llegar antes que oscurezca. A pesar de la calima que hay en el ambiente, se puede ver el humo denso que sale de la boca de las cuatro chimeneas orientadas estratégicamente hacia los cuatro puntos cardinales, dando una nota extravagante y misteriosa a ese día veraniego al que le sobra el exceso de calor y la falta de frescura.

Mientras asciende la empinada cuesta piensa en qué será lo que ocurre en la casa solariega para que, en días tan calurosos de agosto, tenga encendidas todas las chimeneas a la vez …

El día anterior había tratado de informarse al respecto hablando con la gente lugareña, pero ningún habitante del pequeño pueblo situado abajo en el valle lo sabía. Ni tan siquiera el tío Genaro, que era el más longevo de todos los que forman el censo del pueblo. Ni la tía Marcelina que hubo un tiempo que acercaba a diario el pan y la leche a la puerta de la casa.  Ni el señor alcalde que con mirar al cielo intuía si iba a llover, o no. Tampoco el maestro, Don Julián, que con mucha paciencia y amor por la enseñanza logró que todos los rapaces del pueblo aprendieran a leer…, y a preguntar…, y a discernir… Él, tan listo y con tanta capacidad de comprensión, tampoco lo sabía. Todo lo referente a esa casa era un misterio.

    Pero ahora lo que toca es andar y en ello pone todo su esfuerzo: Ascender sorteando las piedras y tratar de no arañarse con las zarzas y matojos secos que crecen por doquier. Y así, sube que te sube, a punto de caer la tarde, sedienta, curiosa y exhausta, llegó al final de su meta: La casona. Su futuro inmediato…

    No entiende que el humo sea cada vez más negro. Ni supo después por qué las contraventanas, nueve por cada lado, todas al unísono se cerraron con gran estruendo ante su presencia. Ni la causa por la que la puerta se abriera sola antes que sus manos tocaran la aldaba y nadie saliese a recibirla. Y menos aún, que, una vez dentro, todo fuese oscuridad.  No supo intuir nada… ni las sombras que parecían moverse como si tuvieran vida propia… ni las ausencias…

    Solo el abrumador sonido de muchos relojes a la vez: ¡¡¡Tic-tac, tic-tac, tic-tac…!!!, parecía darle la bienvenida. ¿O quizá, no era eso?

    Cuando tras unos minutos de mucha inquietud e incertidumbre fue capaz de intuir lo que allí podía suceder, quizá, comenzó a ser demasiado tarde…                                                          


Merche 

diciembre, 24                                                                              


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